Nosotras, las que nos ilusionamos, venimos a humanizar la política.

“Sangre que no se desborda, juventud que no se atreve, ni es sangre, ni es juventud, ni relucen, ni florecen”. Es tan conocido este pequeño verso del poema  Llamo a la Juventud, de Miguel Hernández, que nunca pasará de moda. Hoy somos la juventud que vuelve a rescatar estas palabras. Los que venimos de una breve etapa donde crecimos en un estado de bienestar caduco que nos quisieron vender a golpes de megaestructuras, comodidades ficticias, futuro de crecimiento económico, a costa de la depredación de nuestro entorno, e individualismos. Nos hicieron creer poseedores de un todo, cuando en realidad nunca tuvimos nada.
Nos ha tocado despertar y ver que aquello que esperamos que sea diferente no viene por sí solo. Necesita de voces claras y llanas que sitúen en el día a día, la nueva política. Gente corriente arremangada para luchar por poner a las personas en el centro de la política y hacerlas partícipes. Ésta ya no se escribe en forma de tertulia de gallos con altas dosis de testosterona donde venden supuestas verdades absolutas inyectadas a través del plasma.
Estamos ante una etapa donde la diversidad y todo lo que esta palabra significa se ha instalado en la política de nuestro país. Tenemos la obligación de saber gestionarla, de seguir apostando por energizar a la sociedad y explicar que es tiempo de involucrarse, de humanizar la política.  Y seamos sinceros, no es fácil. No es fácil ponerse en la piel de otro. Es sencillo ilusionar en un momento en el que se dan las circunstancias, pero no de volver a hacerlo. Las armas de la derecha, inmovilismo y el miedo a lo diferente, son poderosas. Lo hemos visto durante este año, cómo han sido capaces de trasformar ilusión en hartazgo y decepción.
Somos nosotros, los jóvenes, los primeros que debemos mostrar la valentía de no rendirnos, de continuar mostrando una alternativa diversa, enemiga de recortes, que rescate personas y que ponga en valor un modelo más humano. Pero esto nos lleva a hipotecar gran parte de nuestra vida. A las dificultades que todos sufrimos a la hora de encontrar un trabajo digno, sumamos el hándicap de participar en política. No es una ventaja para la juventud participar de ella. Muchas veces nos enfrentamos al muro infranqueable de los prejuicios por expresar nuestros ideales o participar de forma activa en política, a la hora de encontrar un trabajo donde desarrollar nuestro proyecto vital propio.
Somos juventud preparada, emigrante y combativa a la vez, pero se nos viene encima un reto enorme: el de contribuir al diseño de un nuevo modelo de sociedad y el de implicar a esta para que sea partícipe del mismo. Porque a pesar de las desventajas personales que nos depara estar en primera fila de batalla, nos sentimos felices de formar parte de este proyecto y de ser la voz de tanta gente que ve en esta nueva etapa, una oportunidad para fortalecerse y llevar a cabo un proyecto integrador, respetuoso con el medio ambiente y transformador.
Nos necesitamos para ilusionar porque no nos engañemos, no son tiempos sencillos, pero somos personas humildes que nacimos en familias que viven y sufren los mismos problemas de esta sociedad. La política cambió aquel día que conseguimos ilusionarnos, no dejemos que los que nos la han hecho siempre, causen mella y hastío en nosotros. Es muy probable que muchas de nosotras no estemos en política, de forma activa, toda la vida, pero somos conscientes de que nos necesitamos entre  todas, también  aquellas que llevan años de lucha incansable y de las que somos reflejo.
Nosotros, los que nos ilusionamos, “tratamos que de nosotros quede una memoria de sol y un sonido de valiente”.

Cayetano Portugués

Portavoz de Compromís por Orihuela y Coordinador de Finanzas de Joves amb Iniciativa-Compromís.

Arxivat en: Comarques del Sud, Opinió

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