De la reacción a la acción

Desde el nacimiento de la Coalició Compromís, su política institucional se basó en una contestación a las políticas reaccionarias del PP que habían dilapidado libertades ciudadanas y derechos sociales, privatizando servicios públicos que, además, se demostraron ineficientes al mismo tiempo que se evidenciaron una pieza más del entramado supuestamente delictivo de un partido que se financiaba ilegalmente. Además, era una opción combativa, lejos de la pasividad del PSPV-PSOE, y que presentaba propuestas a la mala gestión de Zapatero, cosa que llevó a gran parte del electorado progresista a la desilusión y la abstención en las elecciones de 2011.

Desde aquel año hasta las elecciones de mayo de 2015 la política del Partido Popular no solo se dedicó a destruir los avances sociales que habían conseguido nuestras madres y padres, sino también impregnaron su discurso de alusiones a la incapacidad de los movimientos políticos de izquierda de gestionar.

Este mito caló en muchas personas que, tras las municipales y autonómicas de 2015, veían los gobiernos del cambio como el final de una supuesta mejora que los mass media nos vendían cada día, mientras los informes internacionales alertaban que el riesgo de pobreza en España se situaba entre el 27% y el 29% y sobre el 32% para el rango de jóvenes y niños/as.

Tras las victorias en feudos tan importantes para el Partido Popular como Valencia, Alicante y con la formación del Gobierno del Botánico, se ha podido demostrar cómo el mito de que la derecha gestiona mejor carecía de argumentos.

Los gobiernos del cambio, en un año, han demostrado su gran capacidad de gestión y a día de hoy siguen asombrando a muchos por su retórica y su visión, y es que tal y como afirma el teórico político Ernesto Laclau, “en todo proceso de representación siempre va a existir un doble movimiento. Por un lado, el de los representados hacia los representantes. Y, por el otro, el del representante al representado. En este proceso la identidad del último es complementada y reconstruida a través de la representación. Tomemos el caso extremo de masas marginales en donde no está claro un interés de sector. Allí la función del representante político es dotar de un lenguaje y una capacidad de movilización a esos sectores. No es cierto que la función del representante en una democracia tenga que ser pasiva.”

Así, el mérito de las fuerzas políticas que forman estos gobiernos no es sólo modificar unas políticas centradas en favorecer clases sociales y económicas privilegiadas por otras focalizadas en atender los problemas reales de las clases más castigadas por la crisis y el sistema capitalista, sino también dotar de un lenguaje, unos valores y un simbolismo a esta masa de población cuya implicación en el sistema deberá garantizarse para reformarlo. De lo contrario, se abriría una brecha insalvable ciudadanos-instituciones de difícil solución.

Paradójicamente, estos gobiernos son acusados de antisistema cuando son en realidad los garantes de que la población que les confía su representación sigan afectos al mismo, con la esperanza de su reforma, de su mejora, para hacerlo más justo, más igualitario, más femenino, más democrático, más participativo y más transparente. Haciéndome valedor una vez más del pensamiento de Laclau, concuerdo con él cuando afirmó que “cuando las masas populares que habían estado excluidas se incorporan a la arena política, aparecen formas de liderazgo que no son ortodoxas”; y aunque él todavía estaba en un plano teórico, inconscientemente estaba hablando de Mónica Oltra, de Mireia Mollà, de Beiras o de Besancenot, por ejemplo.

Estos liderazgos se nutren de dar respuesta a unas necesidades de regeneracionismo institucional y cambio de modelo social y económico. De cumplir con dichas expectativas depende el futuro de nuestra democracia y el éxito de gobiernos como el de Valencia con Joan Ribó o el de centenares de municipios más. Sigamos organizándonos, conmoviéndonos y empatizando con nuestros vecinos sin temor a actuar, pues la verdad puede ser revolucionaria, pero también nos hace libres.

Pedro Pombero

Coordinador de las Comarcas del Sur de Joves amb Iniciativa-Compromís

Arxivat en: Comarques del Sud, Opinió

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